El legrado

Hace ya cinco meses que me practicaron el legrado y aún recuerdo cada detalle y cada sentimiento como si fuera ayer. Por supuesto que ya no lloro, y no se me hace ese nudo en el pecho que no me deja respirar, pero hay detalles que se graban a fuego. Mi legrado fue el 2 de junio, tres días después de que mi ginecólogo me confirmara que el embarazo no era evolutivo, que mi hijo estaba muerto dentro de mí. Me ofreció pedir cita en la clínica de un compañero suyo para el legrado y le dije que sí. No soportaba la idea de pensar que estaba muerto, y que seguía ahí… me sentía traicionada. ¿Por qué no había querido siquiera darme alguna pista? Habría estado bien un sangrado, algún dolor… algo que me diera la pista para estar preparada. Pero no, todo iba bien, yo me sentía bien, y sin embargo nada estaba bien. Así que acepté el legrado que me ofrecían. Quería acabar con todo esto cuanto antes.

El 31 de mayo fui a trabajar después de enterarme de la noticia, y apenas recuerdo nada. El mundo era borroso y gris tras las lágrimas que me empañaban los ojos. Pasé muchas horas en el aseo llorando. Aun no comprendo por qué fui a trabajar. Supongo que por el sentimiento de rutina; era lo que había que hacer.

El 1 de junio fui a la consulta del ginecólogo que iba a practicarme el legrado. Llevaba en la cartera la prescripción del protocolo hecha por mi ginecólogo, así como una ecografía donde se veía que el feto, mi pequeño, no tenía el tamaño que correspondía con mis 10 semanas. Lo presenté en la recepción intentando contener las lágrimas, y me dijeron que esperara en la sala, que me pasarían a consulta. Al poco me llamó una enfermera para sacarme sangre y tomarme la tensión. Me preguntó de cuanto estaba embarazada para anotarlo, y le contesté que no estaba embarazada, que mi bebé estaba muerto. Me insistió en que tenía que anotar en que semana de embarazo estaba y con lágrimas en los ojos le dije que en la semana 10. La tensión estaba a 8/14. Volví a la sala de espera. Me llamaron a consulta y la ginecóloga que me atendió, me pidió que me desnudara, que tenía que hacerme ecografía. Me desnudé y me senté en el potro. Mientras veíamos en la pantalla a mi hijo muerto, me preguntó si el embarazo era deseado. Aquí se cayeron todas mis barreras y rompí a llorar. Tuvo que parar porque lloraba con tanta violencia que se movía todo el potro y no se veía nada en la imagen. Claro que era deseado. Y buscado durante más de año y medio. Volvimos a la mesa de la consulta y con compasión me dijo que todo iba a salir bien. Qué sabrá ella. Me llevó a la consulta de otro ginecólogo que sería el que me practicaría el legrado. Me dio los documentos que tenía que firmar para autorizar el legrado, me dijo que todo sería rápido, que no sentiría nada, y me dio unas pastillas que tenía que tomarme 6 horas antes del legrado.

El 2 de junio fui a la clínica donde el ginecólogo de ayer me practicaría el legrado. Se trata de una clínica que alquila el uso de sus instalaciones y personal de quirófano a los profesionales que hacen las cirugías. En la sala de espera había todo tipo de personas, pero recuerdo a una chica menuda y rubia, que estaba esperando con su pareja, y que no dejaba de llorar. Sentí que no estaba sola. Me hicieron pasar después de una hora de espera. Había un vestidor con taquillas donde me quité mi ropa y me puse la ropa para el quirófano. Una enfermera metió todas mis cosas en una taquilla y me acompañó a mi camilla. Era una sala con unos 8 compartimentos separados por cortinas. La luz era tenue y jamás me había sentido tan sola. Vino una enfermera a ponerme una vía para el gotero y otra a traerme una revista en alemán. Pasé casi otra hora en esa camilla, a solas y desolada, sin poder pasar las páginas de mi revista porque me dolía el brazo de la vía. Oía pasar los minutos a cámara lenta, hasta que vinieron a llevarme a quirófano. En el quirófano se presentó el anestesista. En español, me preguntó si había comido algo, y cuando tuve que responderle que no, se soltó el nudo que me cerraba la garganta y rompí a llorar. Me acarició la cabeza y me dijo que no sentiría nada. Tenía acento argentino. Me dormí. Cuando desperté volvía a estar en uno de los cubículos de espera. Las primeras palabras que salieron de mi boca fueron “Es tut weh”. No sé si me refería a dolor físico o emocional. Me dieron de comer unas galletas horribles y me dejaron vestirme. Cuando por fin me dejaron salir, Paparobot estaba allí para llevarme a casa. Por fin todo había acabado.

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4 comentarios en “El legrado

  1. Mi niña…Me has hecho llorar imaginandote ahí solita, esperando que todo terminase…un abrazo gigante, de mamá osa.
    Me vuelven tantos recuerdos a mi cabeza…y duelen tanto!…pero tenemos que conseguirlo, tarde o temprano, y de la manera que sea…así que para adelante!!! Besos sol!! 🌻

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  2. Muy buenas wapisima como tu me kede embarazada y te sigo y te seguia en el foro estabamos para el mismo mes lo mio tmpco fue bien e tuve k ir a ive x malformacion no compatible con la vida en la semana 20 como te entiendo cuando dices que todo es tan frio me siento super indentificada la clinica fue lo peor en cuanto a compasion alli habia mujeres tanto k decidian abortar x volutad propio como las k nos tocaba hacerlo xk no nos daban otra opcion, vamos horrible Solo darte mucho animo y esty segura de que volveremos a kedarnos embarazada y esta vez todo tiene k ir bien. Un beso muy fuerte no creo k te acuerde de mi pero mi seudonimo ej el foro es soluna. Besitos wapa

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    1. Claro que me acuerdo de ti, chiqui, si compartimos hilo de mamas! No sabía de lo tuyo, ultimamente entro muy poquito el foro, y como ves tampoco actualizo mucho el blog. Faltan las fuerzas. Siento mucho vuestra perdida, no me imagino lo que habréis pasado. Espero que tengas razón y pronto volvamos a quedarnos embarazadas las dos; quizás incluso volvamos a compartir mes de parto ^_^
      Un beso enorme!

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